3 may. 2013

30.

 Allí estábamos aquella tarde, tú encima de mi cama con esa mirada de picardía, seduciéndome con tus besos y yo, yo pensando, volviéndome loca... ¿quiero? ¿estoy preparada? ¿cómo será? ¿me gustará? Miles de preguntas se repetían una tras otra dentro de mi, no me aclaraba; mantenía una conversación a dos bandas con mi cabeza. ¿Por qué me cuesta tanto? Es que... ¿Qué quieres que haga? Te acercas, me besas y no siento mi cuerpo. Me susurras algo al oído, me vuelves loca pero sigo inversa en mis pensamientos. Y, cuando por fin consigo darme cuenta, ya estoy entre tus brazos y tú dándome besos por el cuello. Damos infinitas de vueltas por toda la cama, no hay rincón que no hayamos visto aún. Tú quedas encima de mí y siento tu aliento en mi pecho. El corazón se me acelera. Tus manos me acarician el cuerpo, quiero gritar pero no me sale. Me quitas la camiseta y yo cada segundo estoy más y más segura, quiero, quiero ser tuya, entregarme y no voy a desaprovechar este momento. Mis ojos se humedecen y no lo entiendo. Me limpio las "lágrimas" y te beso.


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